Había una vez una niña que no tenía razones por las cuales llorar, que siempre hablaba de los planes que tenía para más adelante y de lo feliz que era. Estaba emocionada por saber qué le depararía el futuro. Esa niña era fuerte, nunca sentía odio, rabia o rencor hacia nadie. Le encantaba despertarse temprano para ir al colegio, y le encantaba que sonara la última campana del día para irse a su casa y ver a su familia. Hace algunos meses me la encontré en la calle, y casi no la reconozco. Tuve que mirarla fijamente a los ojos para darme cuenta de quién era. Ahora, la sonrisa que lleva puesta todo el día, es completamente falsa. No sonríe con sus ojos, más bien los tiene siempre llorosos. Llora todas las noches antes de dormir porque su vida no está saliendo como quería. En su cara se ven rastros de lo que un día fue amor. Odia ir al colegio y ver a la misma gente siempre, pero odia aún más volver a casa. Hoy en día camina por las calles las veinticuatro horas del día, a ver si se tropieza con alguien que le devuelva el “y vivieron felices para siempre” que tenía planeado. Está en la dulce espera del regreso de la niña que algún día fue.
Esto es lo que no entiendo: Los hombres se quejan de que a nosotras las mujeres sólo nos gustan los hombres que no nos aprecian, que nos ignoran, que nos hacen sufrir. Que queremos al que no nos quiere, y que no queremos al que en verdad nos aprecia. Muchas veces es verdad, pero es porque nos gusta lo difícil. Sin embargo, no son todos los casos. También dicen que nunca conocen mujeres interesantes, inteligentes, misteriosas, dulces y chéveres, que a nosotras nos encanta jugar con ustedes y que los hacemos sentir mal. Bueno, yo les pregunto: Si ustedes llegaran a conocer una mujer interesante, inteligente, misteriosa, dulce y chévere una noche, y te agrega el próximo día al Blackberry Messenger porque te quiere conocer, porque le pareciste encantador y sexy, y porque tal vez tienes lo que buscaba en un hombre, ¿le contarías o no le contarías a todo el mundo sobre niña que conociste el día anterior y que le empezó a preguntar a todo el mundo por tu pin porque simplemente quería conocerte? ¿La llamarías o no la llamarías desesperada, loca, acosadora, demente? ¿Y te negarías o no te negarías a verla otra vez o a salir con ella? ¿Te burlarías o no te burlarías cada vez que la ves por lo que hizo? Yo creo que sí. Luego, volverías al lugar donde conociste a esta tipa para encontrar otra igual. Porque esta es la verdad, chicos: las mujeres bien están en todas partes. Ustedes no están buscando a una niña que se preocupe por tus exámenes, por lo que comes, por la pelea con tu mamá o por tu familia, por tus actividades de las tardes, o que te quiera acompañar a hacer diligencias. Lo que en verdad están buscando una aventura cualquiera, una noche loca en la que pretenden sentir una conexión con alguien que desaparecerá a penas el efecto del alcohol lo haga.
Si la vieras… Se la pasa hablando de ti y sonriendo. Cada vez que te mencionan, aparece una sonrisa en su cara y los ojos le empiezan a brillar. A penas te ve, su barriga se llena de mariposas, y al abrazarla, la dejas en las nubes. Claro, cuando está brava o de mal humor, usualmente es tu culpa. La has hecho llorar más que nadie. Se ha quedado ronca gritando y maldiciéndote, pero no lo hace en serio. Y ella cree que eres perfecto para ella, a pesar de todo esto. No importa lo que sus amigas le digamos, se niega a aceptar que tienes defectos. Ella cree que vale la pena esperar que te decidas a mirarla como algo más que una amiga. Yo te recomiendo que te apures porque pronto se va a cansar. No desperdicies esta oportunidad de oro.
Camina con el pecho afuera y con la espalda recta. Ponte estos jeans que te hacen resaltar el pompis. Ponte la blusa del súper escote, ¡se te ven bellísimas las lolas! Y con esta cartera todo el mundo te va a mirar,… Ni se te ocurra salir con esos lentes, ¡para eso están los de contacto! Tienes que estar flaquita. Tus dientes blanquísimos y derechitos. Compra esto, ¡lo tiene todo el mundo! Y para esta noche, usa esto, es lo que está a la moda. Aja, camina agarrada del brazo de tu amigo. El pelo, ¡liso! No te comas eso, tiene demasiadas calorías. Tienes que ir a todas las fiestas porque si no lo haces, no sirves para nada. ¡Sé amiga de todos! No confíes en nadie. Al llegar a la fiesta, ve al bar y agarras un vaso porque van a pensar que no bebes, ¡y qué bobas las que no beben! Y cuando veas a alguien fumando, pídele un cigarro y caminas por toda la fiesta. Al ver una cámara, posas de esta forma: inclinas la cabeza para un lado y te pones la mano en la cintura, sonríe con tus dientes perfectos.
Si quieres formar parte del resto de la población, así es que tienes que actuar. Tienes que cambiar tu forma de ser para poder encajar. A mí lo que me dan ganas es de no encajar y más bien resaltar. El creyón más lindo de la caja es el que resalta después de todo.
Si te vas a enamorar de mí, es mejor que te diga de una vez en qué te estás metiendo. Te estás enamorando de mis inseguridades y con mi obsesión con saber lo que la gente piensa de mí, aunque después no les hago caso. Te estás enamorando de mis caprichos y de mi inmadurez, de mi necesidad constante de que me recuerden que me quieren. Te estás enamorando de mi pasado y de mis sueños casi imposibles. Te estás enamorando de las horas que me tardo para arreglarme y de mi hambre constante. Te estás enamorando de mi ego y de mi tendencia a querer todo perfecto, hasta el más mínimo detalle. Si te enamoras de mí, también lo harás de la forma en la que mis ojos brillan cuando estoy contigo. De las tarjetas que me encanta hacerle a la gente que quiero. De los mensajes de buenos días y buenas noches que me encanta mandarte para que recuerdes que te quiero. Te estás enamorando de las cosas incoherentes que digo, y de mis ganas de ver películas acurrucados los viernes o sábados mientras todos están rumbeando. También te estarás enamorando de la forma en que me sonrojo cuando me preguntan sobre ti, y en mis ganas repentinas de cocinar aunque siempre termina en desastre. Claro, si todavía te quieres enamorar, y principalmente, si me quieres enamorar, adelante.
Sueño con llegar del trabajo a una casa grande, llena de souvenirs de lugares en todo el mundo. Con una despensa inmesa llena de comida rica. Con una niña y un niño corriendo a la entrada a darme un beso con sonrisas en sus caras. Ah, y que uno esté cargando a la perrita. Con una pared gigante llena de libros. La mitad escritos por mí, la mitad no. El resto de las paredes quiero que estén llenas de fotos de mi familia y mías. En las que no salgo yo, es porque estaba detrás de la cámara. En la sala habrían muchas obras de arte hechas por mí, sería mi exposición diaria. Con un cuarto super moderno con una ventana grandísima para que entre la luz del sol. Que la vista de esa ventana sea bella, nada de edificios, calles, o carros. Con ir los domingos a casa de mis padres con mis hermanos y con sus hijos a desayunar, y pasar todo el día juntos en familia, como ha sido siempre, desde chiquita. Por último, sueño con tener a mi lado un hombre que me ame, que me admire, que me respete. Que me sepa complacer, y que esté feliz de estar compartiendo todo esto conmigo.
Me rendí porque estoy cansada de llorar. Estoy cansada de este vacío que se siente cuando no estás. Estoy cansada de este vacío que siento yo por dentro, como si te hubieras llevado mi corazón. Estoy cansada de sentirme una buena para nada, cuando sé que soy mucho más valiosa que tu anterior y que tu próxima. Estoy cansada de estar sola, cuando tengo amigas que no se marchan de mi lado. Estoy cansada de gritarle a mi almohada, pues ella es la que me aguanta las lágrimas. Estoy cansada de preguntar por qué, sin conseguir respuesta alguna. Estoy cansada de preguntar qué hice mal, cuando sé que el que cometió el error fuiste tú al no saber perdonar. Estoy cansada de preguntar qué hice para merecer esto, cuando sé que soy la víctima del asunto. Estoy cansada de extrañarte, cuando sé que no tiene sentido porque no vas a volver. Estoy cansada de sentirme atrapada, porque no estoy precisamente atrapada en tus brazos. Estoy cansada de soñar cosas que nunca van a pasar. Estoy cansada de esta sonrisa falsa, aunque tengo mil razones por las cuales reír. Estoy cansada de desear poder empezar desde cero, cuando sé que no vale la pena. Estoy cansada de hablarte y que no me escuches, cuando sé que no te mereces estas palabras. Estoy cansada de esperar, cuando sé que me quedaré haciéndolo para siempre. Estoy cansada de amar sin obtener algo a cambio, porque sé eso pasa cuando el amor no es correspondido. Estoy cansada de no poder superar esto, porque sé que me hace daño. Estoy cansada de no poder soltar tu mano, aunque no la he agarrado en mucho tiempo. Estoy cansada de pedir ayuda a mis amigas, cuando sé que están hartas de que siempre les venga con la misma historia y el mismo nombre. Estoy cansada de este sentimiento de odio, porque sé que es simplemente amor con traje de bruja. Estoy cansada de preguntar cuándo Dios me dejará por fin ser feliz, porque sé que me lo ha dado todo y yo no he sabido manejarlo. Estoy cansada de haber estado cansada de todo esto por tanto tiempo. Por fin lo acepté y me rendí. Que tengas una feliz vida, ya no me vas a arruinar más la mía.
Escúchame amiga, te voy a dar un consejo. Tal vez sea pequeña y tal vez la vida no me haya enseñado tanto todavía, pero esto es todo sentido común. Cualquiera con tres dedos de frente y que no esté cegado por el amor, entendería lo que te voy a decir: Él se va a dar cuenta del gran error que cometió al haberte dejado ir, cuando decidió elegir a cualquier lanzada, a cualquier niña regalada sobre ti. Cuando decidió que ella era con quien el quería compartir esta etapa de su vida. Cuando decidió que no te amaba igual. Créeme, se va a dar cuenta y le va a doler como nunca le ha dolido nada. Como una patada ahí, tú sabes. Y no me mires con esa cara de incrédula. Te lo digo porque sé de lo que hablo. Por esto mismo te digo que no vale la pena pasar tus noches mirando el celular, esperando que la luz roja se prenda y sientas en tu barriga esas mariposas que leer su nombre te causa, porque sabes que no va a pasar. O esperando que ese mismo maldito celular vibre y aparezca en la pantalla su nombre, pero no va a pasar simplemente porque quiere hacerte sufrir. Le gusta que pienses que él no piensa en ti, y aunque te tiene en sus contactos, no te habla porque sabe que su ausencia te va a matar lentamente. Cuando lo veas probablemente te va a pasar por al lado y te va a ignorar, pero lo va a hacer sólo porque sabe que muy dentro de ti, te va a lastimar. No te quiero mentir. Te va a doler en ese momento y cada vez que revises su perfil de Facebook y veas nombres de mujeres que defitivamente no son tú. Aún más te van a doler los “te quiero” o los “te amo” que suelte cada vez que respira a todas sus amigas. Y más adelante, ni se diga el saber que no eres la última persona en la que piensa antes de dormir ni la primera al despertarse, o el saber que no eres la cara que aparece en su fondo de pantalla. Extrañarás hablar con él y vas a pensar que no puedes soportarlo más. Las ganas de hablarle y de convertir todo esto en una historia feliz te van a tentar, pero no le vas a dar el gusto. Amiga, te lo prohibo. Pero sí puedes soportarlo, claro que puedes. Pudiste vivir sin él por muchos años antes de conocerlo, puedes vivir millones más después de haberlo conocido.
Hoy, mañana, pasado mañana, el mes que viene, o en un año, tu celular va a vibrar. Esa maldita luz roja que te quitó noches de sueño, se va a prender. Tú, ilusionada, agarras tu teléfono. Quieres más que nada en el mundo que sea él, pues de tu corazón no se ha borrado su nombre. Pero no. El orgullo que tiene es demasiado. Tanto, que le cubre sus ojos y no lo deja hacer lo que debería. Y aún si el quisiera volver contigo, no te lo diría. Pronto finalmente te darás cuenta que no le importas ni un poquito, y te vas a olvidar de él muy lentamente. Luego de un tiempo, él no será la persona en la que pienses cuando leas la palabra “amor”, cuando te despiertes y te sientas sola. Dolió, pero lo hiciste amiga, ¡lo hiciste! Alzaste tu cabeza, y saliste de ese hueco profundo donde ese hombre te había hecho caer. Le demostraste que eres mejor que él y que no lo necesitas para ser feliz. Le probaste que cometió el error más grande de su vida al soltar tu mano y que él fue sólo una etapa dura en la tuya. Valió la pena el sufrimiento, pero no lo llamemos así. Llamémoslo experiencia, ¿mejor?
Quisiera a veces que mi cabeza fuera un cuaderno. Quisiera que cada uno de mis pensamientos quedara escrito para llevar un récord. Pienso que sería divertido. Después me gustaría leerlo, al pasar de los años, y darme cuenta de como cambié y de las personas que llegaron a ser importantes en ciertos momentos. Me reiría a carcajadas con algunas loqueras que pasan por mi mente, y lloraría ríos con los pensamientos que me recuerdan buenos momentos con gente que ya no está. Es que dentro de mi cabeza soy alguien diferente, alguien que sólo puedo ser ahí. Ella es abierta, extrovertida, viva, audaz, es brillante, es creativa, es de colores. Sueña cosas que nadie se imaginaría que existen siquiera. Ve colores, no ve gente. Las palabras son insignificantes porque se las lleva el viento, y se concentra más en las acciones. Su caminar lo siguen millones de arcoíris. Ella representa vida, y su vida tiene una canción de fondo todo el tiempo. Inhala flores y colores, y exhala obras de arte y paisajes maravillosos. Es la mejor en educación, etiqueta, en música, arte, y deportes. Está en mi cabeza, y es mejor que la deje ahí. Ahí se siente segura, nada ni nadie puede hacerle daño. Su corazón es puro, y está lleno de amor, generosidad, y compasión. Esa compasión que el mundo real me arrebató de mis manos, de mis ojos y de mi corazón. Sus labios parecen piel de bebé, nunca han sido tocados. Su pelo es marrón chocolate y siempre huele a flores. Sus ojos son los más honestos que existen y te hacen rendirte a sus pies. Su cuerpo no es voluptuoso ni sensual, pues al mirarla te inspira ternura en vez de pasión. Es simple. Su piel erradia una luz brillante que encandila y enamora. Vive sola en su mundo creado por ella misma y es feliz. Sólo imagino de lo que es posible, es una soñadora como ninguna otra. ¡Ja! Probablemente la detestaría si fuera real. Cualquier razón sería buena para odiarla con toda mi alma. La aborrecería a tal punto, que trataría de poner a todo el mundo en su contra, pues es tan increíble que puedo jurar que sería famosa. En mis ojos, sería el ser más despreciable que existe, pues demasiada perfección junta no es justa. Probablemente la heriría física, emocional y verbalmente, y la haría llorar todos los días para su perfecto maquillaje se dañe. Pero es tan hermosa, que aún así, con el maquillaje dañado e hinchada de llorar, sería la niña más linda que ha caminado en la faz de la tierra.
Vamos a aclarar algo. Yo te amé, te amé con todo lo que tenía. Pero no, “nunca fui lo suficientemente buena”, o tú nunca aprendiste a madurar y perdonarme. Hubiese hecho lo que sea para que te quedaras a mi lado, pero me evitaste por tanto tiempo que creo que es mejor que me rinda. Me alejaré de ti y te prometo que nunca más miraré hacia atrás. Más nunca volveré a mirar o siquiera a pensar en este desastre que hiciste conmigo. Me convertiré en otra persona, y ni pienses en acercarte porque te desconoceré. Sé que me va a doler, sé que será difícil, pero esto no puede seguir así. Esto se acabó, y ha estado acabado por mucho tiempo, simplemente no quería aceptarlo. Por mucho que me mate por dentro decir esto, no estás destinado a estar en mi vida más. Yo cambié, tu cambiaste. Cambiamos. Ese niño que conocí hace un año, ya no está. No existe. Entonces, ¿cuál es el punto de amarlo, si ya no existe? Yo quería estar con el que me hacía sonreir, cantar, pasar todo el día en las nubes pensando en los buenos momentos vividos y en las insignificantes pero a la vez emocionantes conversaciones que compartimos. Con el que era diferente a los demás. Pero no, al parecer estaba equivocada. Me dejaste cuando más te necesitaba, y cuando te pedía que volvieras, te hacías el sordo. Ahora, mientras escribo estas palabras, por primera vez no encuentro ni una razón por la cual yo debería quedarme, por la cual debería esperar. Te amo, pero amar ya no es suficiente. Tengo que alejarme de ti y de todo esto, aunque probablemente me destruya.